Ayer paseaba por nuestra ciudad y
llamaba mi atención el contraste entre el reluciente nuevo centro peatonal y el
cada vez más decadente parque Miguel
Servet y, a la vez, recordaba tiempos pasados, cuando los niños éramos los
reyes de la calle, cuando apenas circulaban coches y tampoco tenías que caminar
sorteando veladores. Es curioso que en algunas de las zonas peatonales,
especialmente en la denominada "milla de oro", apenas puedan pasar
los peatones, y más si llevas un carrito de bebé o una silla de ruedas.
Pero de las cosas que más me
atrajeron fueron esas nuevas estructuras ubicadas en la zona peatonal más
cercana a las "Cuatro Esquinas", esas estructuras que semejan un arco
de seguridad de los que encontramos en aeropuertos, estaciones e instituciones,
pero que tienen unas luces de colores en la parte superior que invitan a la
imaginación, a pensar que podrían ser el tránsito a otra dimensión, el espejo
de Alicia o el armario de Narnia. Supongo que los niños estarán encantados,
pero quizás el ayuntamiento debería aprovechar el tirón y cambiar el nombre de
esa parte del Coso por algo más atractivo como el Paseo de los Portales Místicos o algo similar.
De paso, se podrían reivindicar
lugares míticos como "el banco azul" al final del paseo de la
estación o esos maravillosos bancos semicirculares a la entrada del Paseo de
las Pajaritas del parque con su magia sonora que muchas generaciones wasquianas
conocimos de niños. Yo lo llamaría El
Rincón de los susurros y lo
convertiría en destino turístico de referencia.
Para terminar, mis más sinceras
felicitaciones a Mateo Sierra. En círculos wasquianos se rumorea que, aparte de
leer el pregón de fiestas va a ser el mantenedor de la presentación de las
mairalesas, le va a colgar la pañoleta al santo, va a llevar el palo de la
albahaca de los danzantes, va a oficiar la misa del día 10 de agosto y prender
la traca del día 15. El pobre, va a acabar más estresao que en la mismísima final de Master Chef.